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Explosivo crecimiento del comercio electrónico

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De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 2019, antes de la pandemia de Covid19, el comercio electrónico creció, con respecto al año anterior, 24%, lo que representó alrededor de 6% del Producto Interno Bruto (PIB). 

Recientemente, la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) reportó que, en 2020, este tipo de comercio creció, en comparación con 2019, 81% y que incluso en algunas ramas específicas llegó a tener una expansión de hasta 300%.

“Hace seis años, el comercio en línea comenzó su ascenso; sin embargo, a consecuencia de la pandemia se disparó. ¿Por qué? Porque, al vivir en confinamiento, al no poder salir a la calle como antes, muchas personas debieron recurrir a su teléfono celular, a su tablet o a su computadora para, mediante plataformas y aplicaciones digitales, adquirir bienes y servicios”, asegura Alejandro César López Bolaños, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

Según la AMVO, los productos en línea que más demanda han tenido durante la pandemia son: cubrebocas, aparatos para medir la presión sanguínea y la glucosa, oxímetros, ropa, calzado, artículos deportivos, artículos de cómputo, aparatos electrodomésticos, libros y publicaciones digitales, ciertos artículos de lujo y servicios de entretenimiento (películas y series) por streaming.

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“En cuanto a los accesorios médicos, los artículos deportivos, los artículos de cómputo y los servicios de entretenimiento por streaming, se entiende: la coyuntura nos obligó a adquirirlos para prevenir el Covid-19, para hacer ejercicio en casa, para seguir trabajando desde nuestro cuarto o sala, y para pasar nuestros ratos libres lo mejor posible ante el cierre de cines y teatros. Por lo que se refiere a la demanda creciente de ciertos artículos de lujo, parece algo contradictorio en un país como el nuestro, con tantas desigualdades sociales”, comenta López Bolaños.


“El comercio electrónico no va a frenarse; por el contrario, se va a seguir potencializando no sólo con la pandemia, sino también con el paso del tiempo” Alejandro César López Bolaños, Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

Todavía limitado

Algunos estudios señalan que, en 2017, 30% de la población mexicana adquirió bienes o servicios en línea; y, tres años después, 39%. Este último no es un porcentaje menor, pero no representa a la mayoría de los mexicanos.

Es decir, el comercio electrónico todavía está limitado a un sector de la población. Cuando quiere adquirir un producto, la mayoría de la gente sigue yendo a los espacios físicos (mercados, tianguis, tienditas, supermercados, tiendas departamentales, centros comerciales, etcétera). 

“Ahora bien, se debe considerar que el comercio en línea requiere, por un lado, el servicio de Internet y un dispositivo electrónico moderno que permita cargar páginas web; y, por el otro, una cuenta bancaria y una tarjeta de crédito o de débito que pueda ser vinculada a una plataforma o a una aplicación digital para realizar la transacción. Pero, como se sabe, el servicio de Internet, los dispositivos electrónicos modernos y los servicios bancarios y/o financieros cotidianos no están al alcance de un sector importante de la población mexicana”, indica el economista universitario.

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A pesar de esto, no pocas cadenas comerciales, como supermercados y tiendas departamentales, están priorizando las ventas en línea, porque así se podrán ahorrar la renta de bodegas y almacenes, y los salarios y comisiones de una buena cantidad de trabajadores.

De esta manera, en la medida en que crece el comercio en línea, en la medida en que cada vez más gente ya no necesita ir forzosamente a una tienda para comprar un producto, sino sólo pedirlo por medio de un dispositivo electrónico, las relaciones laborales también cambian.

Ahora, por ejemplo, hay cada vez más personas que se dedican a surtir en los supermercados los pedidos en línea de los clientes. En ocasiones trabajan sin seguridad social, con bajos salarios o por propinas, o sea, en la informalidad total, pero sólo así pueden sostenerse a sí mismos y sostener a sus familias.

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“Y en lo que respecta al vendedor de tienda tradicional, tiende a desaparecer. Sin duda se abre la posibilidad de que, en los años por venir, esta clase de empleo sea diferente y haya que estar capacitado en plataformas tecnológicas para conseguir un lugar en el mercado laboral.”

Cadenas comerciales y mipymes

Otro tema es el de las grandes cadenas comerciales y las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes): mientras las primeras tienen todos los recursos para poner en venta sus productos en línea y dominar el comercio electrónico, las segundas, que le dan empleo a 60% de la población laboral mexicana, enfrentan no pocas dificultades para acceder a él.

“Muchas mipymes no cuentan con plataformas y aplicaciones digitales, sólo tienen páginas web, unas buenas, otras malas. Esta limitante les impide promocionar sus ventas en línea. Se tiene registro de que un número considerable de mipymes (del calzado, del cuidado personal, familiares…) han cerrado, con la consecuente pérdida de empleos, porque, al no haber podido contar con una plataforma o una aplicación digital, se vieron imposibilitadas de hacer comercio en línea y llegar a las grandes masas de consumidores”, señala López Bolaños.

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Contaminación y basura

En nuestro mundo globalizado e interconectado, las mercancías se mueven por todas partes a una velocidad pasmosa. Uno puede pedir por Internet un producto fabricado en China y, a más tardar en una semana, lo tiene en casa. 

Esto supone, claro está, un proceso de transportación por vía aérea o marítima que no cesa ni un segundo y que ocasiona, por la quema de combustibles, en su mayoría fósiles, una monstruosa contaminación tanto de la atmósfera como de los océanos y mares.

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“Ni qué decir que los mismos empaques en que nos envían nuestros pedidos (por ejemplo, bolsas de plástico dentro de contenedores de cartón con hule espuma) producen una increíble cantidad de basura que puede terminar en el fondo de los océanos. Ésta es una de las facturas más caras que ya no está pasando el comercio electrónico”, finaliza el economista.



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